MADRID.- Mónica Runde y Pedro Berdayes nunca se precipitan. Nos hacen esperar dos años casi siempre para ver una nueva creación. Por eso, dan siempre una impresión de seriedad, de pulido, y, después de 12 años, un Premio Nacional y una residencia permanente en la Mirador, su trabajo tiene reconocimiento, aunque todavía no es el que debiera.

Siempre juntos y siempre separados, quizá en este estreno se note más su porosidad creativa, además de un cambio de lugares, digamos anímicos, como si uno se inspirase en las vivencias que le provoca el otro.

Runde entra de lleno en el amor con humor, en el trazo optimista del movimiento, en lo positivo y en los bideos xxx también. Ellos y yo plasma a brochazos el amor en todo su proceso: pone guasa en el ligue y el fracaso, en los besos y las alergias, mientras apunta las diferencias de carácter, de reacciones. Runde ha elegido una escritura de impulsos y suavidad, siempre bien sintonizada por el grupo, que baila y, además, se divierte.

En el arranque de Azul purísima, Berdayes ha cambiado de chaqueta. Su obra no es abigarrada, deslenguada ni manifiestamente provocadora de animalidad, de miserias, de humor ácido.

La coreografía, de trazos duros, no es tan importante, sin embargo, como la composición visual y de ritmo que llevan las escenas, acompañadas de música electroacústica para acelerar el tono sombrío e inquietante, donde se queda el creador de una forma quizá demasiado ambigua.